Opinión
La batalla cultural: IMANAQTINMI QELQANI RUNA SIMINCHISPI
Por: JESUS MANYA SALAS
En varias ocasiones me preguntaron y siguen preguntando por qué escribo en quechua, si eso no es rentable y tampoco prestigia la actividad de un escritor; mejor debiera seguir escribiendo en español.
En primer lugar, empezando por el más sencillo de las dudas, no creo que existan escritores que desde un inicio tuvieran la pretensión del enriquecimiento; fue a fuerza de su perseverancia y creatividad que algunos logran cumbres literarias con ediciones que permiten una dedicación exclusiva a los libros.
Escribir en quechua entonces resulta un doble reto; si publicar cuentos, novelas o poesía en español es todo un sacrificio personal o familiar, hacerlo en quechua es más sacrificado, porque las publicaciones, presentaciones y difusión son menores o cerradas, en tanto que hay poca gente de compatriotas a quienes les interese en algo nuestro idioma, el runasimi.
Escribir y publicar en quechua, en mi caso, es todo un proceso de aprendizaje y aventura, porque ni hay manuales ni tampoco muchos libros emblemáticos que puedan permitirte aprender de experiencias anteriores.
Desde mi infancia soy bilingüe; hablo dos idiomas siempre con fluidez y normalidad en la familia y en mi pueblo de Maras y en mi barrio de San Blas en Cusco, tanto el quechua como el castellano.
Era y es muy natural que con mis amigos de infancia pasara de un idioma a otro, en plena conversación de algún tema o juego, sin complejo o dificultad alguna.
Considerando que el quechua es ante todo un idioma oral, así formé mi vocabulario: pisi pisi llamanta, rimarispa, takispa, mana p’enqakuspa. Fui matriculado y estudié en el Colegio San José de La Salle, un centro educativo de clase media alta para esos tiempos; la inmensa mayoría de compañeros y profesores solo hablaban el español. Sin embargo, fui profesor de quechua del hermano Lorenzo, director de primaria, a quien enseñaba en las horas libres o en los recreos más prolongados. Saber quechua nunca fue motivo de burla o marginación, como a veces ocurría en otros centros educativos.
En secundaria aprendí a tocar la guitarra; en el barrio hacíamos cantatas en el malecón de Lucrepata o recurríamos a algunas esquinas para cantar en serenatas a las chicas; la gran mayoría de nuestras canciones eran waynos en quechua y español. Del mismo modo en la casa, podía hablar el quechua con mi abuela y las empleadas de manera diaria; con ellas festejábamos los waynos de sus pueblos de origen.
Desde adolescente fui un lector de novelas y cuentos, gracias a mi primo hermano Miguel Valderrama, que compraba los libros actuales que llegaban al Cusco; entonces me acerqué tempranamente a: César Vallejo, José María Arguedas, José Carlos Mariátegui, Mario Vargas Llosa, Gabriel García Márquez y otros autores internacionales. En todo ese tiempo, nunca tuve acceso a libros en quechua.
Fue en Alemania, al que viajé a estudiar, que en una actuación de la facultad, me pidieron cantar en quechua; lo hice con mucho gusto y en varias ocasiones. Desde entonces, con el grupo de latinos que armamos una tropa musical, teníamos en nuestro repertorio temas del: Cuarteto Cusco Criollo, los Amaru, los Bohemios y otros grupos de Chumbivilcas.
Es en la biblioteca alemana donde solicité los primeros libros o textos en quechua, para leerlos, y mi sorpresa fue que había varios, como el Drama Ollantay, estudios acerca de Killku Warak’a y su poesía quechua, cantidad de vocabularios clásicos del quechua y pequeños diccionarios de Paul Rivet, de los que aprendí bastante.
En Lima y Cusco, empecé a conseguir mucha más bibliografía. Desde el ochenta, dediqué más tiempo a mi formación política e intelectual con los temas de la identidad, la cultura y, junto a ella, resultó inseparable el quechua. Estudié detenidamente los trabajos de José María Arguedas, de quien aprendí que para escribir un buen texto en quechua, se debe hacer desde el pensamiento quechua. No es igual escribir en quechua, pensando en la lógica española.
Arguedas también era profundamente respetuoso de la diversidad quechua y sus trabajos respetan escrupulosamente dichas variedades, sin imponer nada a nadie, como quieren ejecutar algunos comisarios del Ministerio de Cultura y Educación.
Preparando el libro de Pumallalliq; El elegido, llegó a mis manos el libro de nuestro llaqtamasi Odi Gonzales: Elegía Apu Inka Atawallpaman y luego varias monografías y ensayos que ahora están en NACION ANTI, en los que fundamenta sistemáticamente el contexto de la recuperación y desarrollo del idioma quechua, más allá de imposturas y hegemonismos que denigran el quechua.
Volví a K’illku Warak’a con más rigor, para descubrir sus técnicas de redacción, el contenido y el espíritu de sus escritos; tuve el honor de conversar y escuchar sus cantos en varias ocasiones, antes de su trágica muerte. Por esos años, conocí cantidad de textos quechuas, en las revistas de la Academia de la Lengua Quechua del Cusco.
En homenaje a K’illku Warak’a, sistematicé y publiqué un cuento en versión poética denominado Willka Waman, gracias al apoyo del maestro Cromwell Jara y su editora Montacerdos. Adjunté un ensayo de los aportes y vida de Andrés Alencastre Gutiérrez en el año 2021.
Ese mismo año del 2021, publiqué un relato acerca de la violencia política y el terrorismo senderista y estatal, que afectó a las comunidades quechuas, llamado Yawarchasqa Tuko Terruko, dando voz a quienes sufrieron no solo matanzas de uno u otro lado, sino también denunciando la proscripción de su idioma en nombre de la revolución maoísta y del estado peruano.
Para escribir y publicar Pachakuteq: El Código Secreto, durante todo el 2022 y 2023, profundicé mis estudios acerca de la identidad y el pensamiento andino, desde la filosofía, la religiosidad, las estrategias militares y políticas de los puma runas; ese libro me ayudó a fundamentar mis compromisos culturales y con el quechua.
El año 2025 publiqué Misti Manchachiq, un conjunto de relatos que abordan el tema de los conflictos internos, las perturbaciones psíquicas de los seres humanos, que culminan en grandes tragedias y muertes; para ello me preparé organizando un glosario de semiología quechua en un manual de psiquiatría del Dr. Elthon John Baca en el año 2024, así como con la publicación en español de Yana K’uychi Willakuy/Los cantares del Arco Iris Negro.
Para octubre de 2025, debe publicarse completo Upapay-Recuento, que utiliza el quechua y el español en un conflicto real y constante, con interrupciones, como ocurre en la vida con la diglosia, donde el español intenta poner al quechua en un lugar inferior y marginarlo.
Una plataforma cognoscitiva sustancial para estas publicaciones fue presidir durante todo el año 2023 y parte del 2024 la comisión revisora del Diccionario Español-Quechua de la AMLQ, proceso que nos permitió estudiar todos los vocabularios clásicos y también los nuevos diccionarios de las diversas variantes del quechua.
Si queremos construir un nuevo país en el Perú, plurinacional, donde participen todas las voces y pueblos con todos sus derechos, se necesita respetar, recuperar, defender y desarrollar su idioma, como el quechua, aymara y los idiomas amazónicos y costeros, que con el tiempo se van perdiendo irremediablemente por el abandono del estado colonial peruano.
Así, de manera modesta y a veces poco valorada, existimos muchos en el Cusco y en todo el país, que vienen abriendo las flores de nuestro idioma quechua en todas sus variantes y con todo tipo de trabajos y experiencias. Esta es la mía y contribuyo en la medida de mis posibilidades con esa causa común del RUNA SIMI.