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Opinión

Kukuchis, saqras & supaywawas

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Estando niño, durante todas las vacaciones llegaban del Cusco a la casa del abuelo Miguel y María en el pueblo de Maras, la ciudad de las estrellas y la salinera, mis primos y primas a disfrutar el fin de año y el advenimiento del nuevo.

Nos gustaba ir a Pisqaqocha y a Moray, recorrer el laboratorio genético de los inkas, bajar a las salineras y conocer los pozos de sal de la familia, subir a la chacra de Awaqopampa a examinar los papales, visitar a Waylla Uray a disfrutar de los wiros del maíz, subir a los kapulís en Moyoreq o en Osqollo, bañarse en los pozos de Ayar Ukhu, K’usi, Qochapata, Rawkas, Pisqopata y tomar agua dulce en la pileta de Apufilo o Machuq unun; cada agua y pozo tenía su origen e historia.

Nuestras noches eran de fantasía y fantasmas; luego de la cena nos gustaba desparramar y tender nuestros pequeños cuerpos, cada uno en los pellejos y cueros de oveja en la cocina y alrededor del fogón caliente, esperando las aventuras de esa noche. Unas veladas eran para hablar de los secretos y mitos que encerraban los Apus, los manantiales, los gentiles y machus que poblaban el altiplano y los valles marasinos. Otras fechas eran dedicadas a la nocturnidad de almas penantes, carros de fuego.

En particular y por curiosidad, pedíamos a la tía abuela Pilar que contara los relatos, cuentos, recuerdos de los condenados que pasaban por la puerta de la casa y que su imaginación prodigiosa hilvanaba para cada una de las vacaciones. La tía Pilar era una mujer leída y hablaba perfectamente el quechua y escribía el castellano muy bien; para muchas mestizas y comuneras hacía de escribana de cartas y oficios a familiares lejanos.

Considerando que por esos tiempos no había electricidad y luz en el pueblo, a pesar que por ella pasaban los tendidos de los cables de alta tensión que venían de la central hidroeléctrica de Machupicchu, debíamos ir al canchón a depositar los desechos y orines de nuestra humanidad, porque tampoco en las casas había los servicios higiénicos por entonces.

Por miedo a la oscuridad, a los fantasmas y diablos, íbamos en grupo, tanto varones como mujeres; durante el día, cada uno había escogido su lugar de campaña, para no pisar o cruzar con los desechos en ese cagadero colectivo.

Una de esas noches, preferimos ir al final de los relatos de apariciones y espectros; temblando y silenciosos, cada quien concentrado en su mierda y orines, y de repente, escuchamos una voz de ultratumba, desde uno de los rincones del cerco y subido en el viejo árbol de manzana.

Imatan rurasankichis yaw aka sikikunaaaaaa… kunanmi apapusaykichis supaypa wasinmannn, chaypichá yawramunkichis wiñaypa wiñayninpaqqq…

 Sinchi qellan, sinchi rakrapun, mana yanapaq niñuchakunan kasqankichisss, chaymi Machu Saqra phawachiman; kunan tutaqa willasaykichisraq, paqarinmantataq ch’ulla ch’ullamanta, haykupusunchis nakariyman, umaykichista qhororuspa. Kutimunaykama… Y desapareció por el cerco el bulto oscuro.

 Asustados, nadie atinó a preguntar o murmurar algo contra la voz de ultratumba, aunque ninguno de ellos hablaba el quechua fluido; entendían básicamente algo. En sus cabezas se preguntarían si era el jinete sin cabeza de un ganadero penante que venía desde P’aqchaqhata, o si era la mula warmi descabezada que bajaba desde Waypunqocha, matándose de risa y hablando lisuras de sus aventuras con varones borrachos, o tal vez era el hacendado dueño de los perros negros, que jalaban el carro de fuego y que cruzaba Chawpicalle a las doce de la noche en punto, rumbo al cementerio.

Algunos lograron limpiarse el trasero como pudieron, con las amplias hojas de malva que crecían para esas funciones en el huerto. Salieron callados y erizados los cabellos al patio y uno de ellos se atrevió a preguntar: «¿Qué habló el condenado, Amaro?». Tuve que traducir al español y al detalle la amenaza del condenado; me hicieron repetir en varias ocasiones las amenazas que escuchamos.

Regresamos a la cocina; los abuelos tomaban su calentadito de té con aguardiente. Los visitantes pidieron descansar y dormir esa noche en la cocina; nadie quería prender las velas para ir a sus habitaciones oscuras y separadas. Las jóvenes ayudantes de mi madre trajeron frazadas y mantas y colocaron más leña al fogón para calentar la noche hasta la madrugada. Yo y los abuelos nos despedimos y fuimos a descansar al dormitorio, como también las llaqes o chicas a sus cuartos respectivos.

De repente, a las cuatro de la mañana, sonó intempestivamente en el centro del patio una armónica con mucho eco y vibrato; era el rondín mañanero con los waynos, ejecutado por el tío Lucho o papá Lucho, como lo llamaban con cariño. De cuando en cuando, visitaba la casa de su padre a calentar o reconfortar el cuerpo luego de sus andanzas y bohemias nocturnas; claro eso solo lo sabíamos los abuelos y yo, que vivíamos en Maras.

Luego de la media hora con la serenata madrugadora, el tío ataviado con su poncho de nogal, sombrero negro de marca fina, su inseparable chalina de vicuña, bigotes bien cuidados y rasurados; ingresó ruidosamente a la cocina, a preparar su calentadito, y todos gritaron en coro, con un tono de plegaria, y algunos lograron escapar, corriendo a nuestra habitación; se metieron en la cama del abuelo, la abuela y en el mío, temblando y pidiendo que explicara a los abuelos la visión de la noche que culminaba con el condenado en la cocina.

Qallarisaqmi willakuyta: imaynatas raqha tutapi, k’uchumanta rimarimuran qhoro umayoq runa…

Amaro, por favor, habla en castellano, para que todos podamos entender; los abuelos también hablan el castellano —gritaban y reclamaban tapados con las mantas, pero seguí:

Kunan chisis kutimunqa supay saqra, sapanqawansis rimarinqa, huch’ankunamanta mana allin warma kasqankumanta…

 Qantari apasunkichu chay supay saqracha? —me preguntó entre risas el abuelo— manachus hina, atinmanchu apawayta, noqapas saqrallanataq kani —contesté medio serio.

Traduce primo, traduce hermanito Amaro, por favor —gritaron todos y respondí—. No se puede traducir el idioma de las almas o los condenados, así que vayan todos a preparar el desayuno, hervir la leche y tostar el maíz paraqay, el abuelo dice que tiene hambre y quiere tomar desayuno, preparado por sus nietos.

—¿Y si está el condenado todavía en la cocina? Gritaron. Si le dan un té piteado, tocará para ustedes unas canciones; vayan con tranquilidad, es un pobre diablillo. —Corrieron diligentes y todos recuperamos la alegría y la sonrisa de niños y niñas en esas vacaciones en Maras.

El día de la despedida, Miguel, el más juicioso y filosofal, me preguntó preocupado, antes de subir al carro, acerca de los diablos y los infiernos, los castigos con que enseñaban en el colegio.

—¿Y tú por qué no tienes miedo al infierno y al diablo?

Contesté lo que escuchaba y entendía de los mayores:

En nuestros pueblos, decimos saqras a los supertraviesos y juguetones, y supay a los caprichosos, provocadores y temerarios. La palabra infierno y diablo no existe en nuestra vida y menos en el quechua.

Expliqué que en muchas noches acompaño al abuelo y a los trabajadores a regar las chacras; como en otras madrugadas, vamos a cortar o calchear el trigo o la cebada.

—Nunca hemos tropezado con diablos o fantasmas en todo ese tiempo. Afirmé. Para bajar a Urubamba los días de mercado, pasamos por la puerta del cementerio en la noche o en la madrugada y jamás tuvimos sobresaltos o quejidos, salvo el canto de los tukos y pakpaqas que son aves nocturnas.

—¿Pero por qué el abuelo tiene un crucifijo y estampas en su altar? —respondió Miguel.

Cierto, pero junto a ellos tiene sus qonopas e illapas de maíz, papas, mulas; a todos ellos agradece y pide, conversa con el taytacha; no saben rezar arrodillados como lo hacen ustedes. Señalé.

—Los nak’achos son salteadores que esperan en la oscuridad de Rawk’as para quitar el dinero a los borrachitos que se atrasan en el camino. Aumenté su curiosidad.

Los fantasmas que narra la tía Pilar, lo hace para burlarse de nuestros miedos infantiles; en vuestra ausencia se ríe recordando sus rostros asustados. Me despedí un poco triste al concluir las vacaciones con ellos.

Los primos regresaban al Cusco con esa duda eterna, si existía o no el infierno, y los pobres diablos, antes que subieran al carro, el abuelo nos aconsejó:

—Amaro y Miguel, peor que el diablo y el infierno es la conducta de los seres humanos en la tierra; nunca deben olvidar esa dolorosa y contradictoria realidad.

 

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ROMPER EL EMPATE CATASTRÓFICO DESDE EL TRAPECIO ANDINO

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Por Jesús Manya

El país se encuentra estancado, fragmentado, sin horizonte y con mucha incertidumbre, en cuyo vértice del narco estado se encuentra el fujimorismo, como el partido orgánico y articulador, que en los últimos 20 años, es el principal factor de la crisis estructural y destructiva del país; el actual fujimorismo corrupto y criminal no representa nada nuevo a diferencia del fujimorismo del 90.

El viejo Lenin decía que el escenario de esta acumulación irresuelta de contradicciones, era de una situación revolucionaria, porque los de abajo ya no quieren vivir como antes y los de arriba hacen todo lo imposible por mantener la dominación y explotación al filo de la navaja y aplicando medidas excepcionales.

Gramsci decía que el empate catastrófico, era un bloqueo orgánico y permanente entre dos fuerzas contradictorias y polarizantes, en tanto que lo viejo a pesar de la crisis no se puede caer y lo nuevo tampoco puede nacer resuelta y definitivamente; y que en este interregno surgían fuerzas y políticas incontrolables y destructivas.

El proceso electoral actual, fue preparado por el fujimorismo con muchos años de anticipación para ganar por las buenas con fraude, desde el lado económico, político, militar, policial, judicial, mediático, religioso, cultural, judicial, diplomático, mafioso, narco; a pesar de tener a su favor todos los poderes fácticos apenas sacó 14% con lo que pasó a la segunda vuelta.

Los resultados y contenidos de la segunda vuelta electoral, son los mismos a los procesos con Humala, PPK, Castillo, se repiten las tendencias claramente configuradas, un empate electoral que no se puede romper y que ahora lo pretenden hacer nuevamente desde el fraude, aprovechando los votos del extranjero que no están digitados y se prestan a la suplantación o el cambio de resultados, sobre cuya base consumar el fraude.

El voto fujimorista y del pacto mafioso está concentrado en Lima y algunas regiones del norte; en términos reales Lima termina determinando el rumbo del voto clasista, conservador y derechista.

Frente a ese escenario pueblos de 16 regiones, ubicados en el TRAPECIO ANDINO – AMAZÓNICO, enfrentan con su voto al fujimorismo, este campo transversal es mayor que el macro sur y centro; estas regiones del Trapecio Andino o del Qhapaq Ñan, tienen identidades históricas, productivas, hídricas, mineras, agrícolas, sociedades, comunes y concurrentes, que permiten una votación de identidad cultural, contra el centro que margina y posterga.

En el terreno económico y productivo, en estas regiones del Trapecio Andino se encuentran los recursos mineros, hídricos, gas, culturales, más importantes del país, que son usufructuados por los grupos de poder y la tecnocracia gubernamental centralista; por ejemplo, son los que más y mejor disfrutan el gas y la electricidad barata, para sus industrias y hogares, marginando a las otras regiones; disponen de los recursos económicos que entrega la minería que se trabajan en las regiones. En lo cultural se llevan todos los soles que genera el Santuario de Machupicchu, sin nada cambio del Cusco. Ejemplos concretos de muchos otros.

Ante este empate catastrófico que promueve y revalida el fujimorismo y el pacto mafioso, se requiere construir y proponer una verdadera y profunda revolución descentralista, democrática y cultural desde el Trapecio Andino – Amazónico; así lo han configurado las últimas elecciones y los escenarios económicos y productivos. Esta es la fuerza social de la transformación nacional.

Este es el camino que tienen que entender los partidos progresistas y de izquierda, en particular sus direcciones y burocracias nacionales asentados en Lima; en las regiones hemos cumplido con nuestra tarea, pero el centro del poder Lima sigue casi intacto, por la falta de un trabajo político, social y cultural de las direcciones nacionales.

La resistencia al fujimorismo tiene en las regiones sus bastiones fundamentales de lucha, la disputa electoral que se avecina en las regiones y municipios, debe revalidar ese poder popular y regional, derrotando al fujimorismo y a  los otros partidos del pacto mafioso.

#agenciadenoticias#cuscojunio2026#aprimerahora.cusco@gmail.com

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Machupicchu: turismo global y desigualdad territorial.

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Por: Vidal Pino Zambrano

El debate sobre Machupicchu suele centrarse en un tema recurrente: “el flujo turístico hacia el santuario histórico” La mayoría de estudios, diagnósticos y planes de gestión se enfocan en problemas relativos a   la capacidad de carga, la construcción de nuevos centros de visitantes, la ampliación de servicios turísticos, las concesiones hoteleras, la vía férrea o el sistema de buses. Todos estos aspectos son relevantes; sin embargo, existe un problema profundo que rara vez ocupa el centro de la discusión: la enorme desigualdad territorial y social que existe dentro del propio distrito de Machupicchu.

El distrito presenta una marcada fragmentación interna entre Machupicchu Pueblo, también conocido como Aguas Calientes y los pequeños centros poblados rurales vinculados a las comunidades campesinas que forman parte del distrito. Mientras el núcleo urbano principal concentra población, inversión, infraestructura y actividad económica ligada al turismo, los demás centros poblados mantienen condiciones de alta precariedad y vulnerabilidad.

Esta desigualdad suele quedar oculta detrás de las cifras oficiales. Por ejemplo, respecto a la densidad poblacional. Según los cálculos convencionales del INEI, Machupicchu tendría apenas 20 habitantes por kilómetro cuadrado, lo que transmite la idea de un territorio poco ocupado. Del mismo modo, La capital provincial Urubamba registraría 125 habitantes por kilómetro cuadrado y la ciudad del Cusco, capital departamental, alrededor de 1300.

Sin embargo, estas cifras incluyen montañas, quebradas, áreas protegidas y extensas zonas donde prácticamente no existe ocupación humana. Cuando el análisis se realiza únicamente sobre el espacio efectivamente habitado, el panorama cambia radicalmente. La densidad urbana real de Machupicchu pueblo supera los 21 mil habitantes por kilómetro cuadrado, convirtiéndose en el distrito más densamente ocupado del Perú y en uno de los espacios cercanos a espacios turísticos más congestionados de América Latina. En comparación, Cusco tiene cerca de 10 mil habitantes por kilómetro cuadrado y Urubamba alrededor de 2500.

La hiper concentración de Machupicchu pueblo

El centro poblado de Machupicchu concentra aproximadamente el 92% de la población distrital. En contraste, los centros poblados que están dentro del distrito como Ccollpani Grande, Intihuatana, Qorihuayrachina o Huayllabamba apenas superan los 60 a 100 habitantes. Esta distribución evidencia una extrema concentración demográfica y económica alrededor del núcleo principal.

La estructura económica del distrito refleja también una profunda división económica. En Machupicchu Pueblo prácticamente no existe actividad agrícola, lo que revela una economía totalmente terciarizada y altamente dependiente del turismo. Por el contrario, centros poblados como Intihuatana y Ccollpani Grande mantienen una fuerte dependencia de las actividades agropecuarias.

El índice de concentración de Herfindahl confirma esta diferencia estructural. Este indicador mide el nivel de diversificación económica: valores cercanos a 0 representan economías más diversificadas, mientras que valores próximos a 1 reflejan dependencia de pocas actividades. Machupicchu Pueblo presenta un índice de 0.1, mientras que Puente Ruinas alcanza 0.9 y Qorihuayrachina 0.4. Esto sugiere que la capital distrital posee una economía más compleja y diversificada, articulada alrededor del turismo, el comercio y los servicios urbanos. En cambio, los pequeños centros rurales mantienen economías limitadas y dependientes principalmente de la agricultura y la ganadería.

Las diferencias sociales son aún más marcadas. En Machupicchu Pueblo prácticamente no existen viviendas con piso de tierra, mientras que en Ccollpani Grande esta condición alcanza el 100% de las viviendas; en Huayllabamba supera el 96% y en Qorihuayrachina llega al 67%.

La brecha en servicios básicos también es considerable. Mientras Machupicchu Pueblo cuenta casi totalmente con electricidad, agua potable, desagüe y recojo de residuos sólidos, varios centros poblados rurales todavía presentan importantes carencias que superan el 60% de estos servicios básicos.

Turismo, hacinamiento y tensión territorial

Paradójicamente, el acceso al principal destino turístico del Perú funciona sobre un espacio urbano reducido y saturado. Turistas y población local conviven en un territorio limitado por el río, las montañas y la infraestructura ferroviaria. Las calles estrechas, la escasez de espacios públicos y el enorme flujo de visitantes generan una congestión permanente y crecientes tensiones urbanas.

Mientras millones de turistas llegan atraídos por Machu Picchu, el núcleo urbano que sostiene esta actividad opera bajo condiciones cercanas al hacinamiento. Por ello, resulta fundamental abordar la profunda fragmentación territorial del distrito, donde conviven una intensa concentración turística y económica con persistentes desigualdades y vulnerabilidades rurales. Ignorar esta realidad compromete cualquier propuesta seria de desarrollo sostenible para Machupicchu y para el futuro del principal destino turístico del país.

 

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Democracia sin desarrollo: el dilema peruano

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Por : Vidal Pino Zambrano

El Perú tiene una relación complicada con su memoria política. Cada proceso electoral parece empezar desde cero: reaparecen las mismas frustraciones, los mismos temores y las mismas promesas de cambio. A veces da la impresión de que el país enfrenta problemas nuevos, aunque muchos de ellos nos acompañen desde hace décadas.

En cada elección, una parte importante del electorado termina decidiendo su voto bajo el impacto del momento: la frustración acumulada, el temor al futuro o el desencanto con la política. En esas circunstancias, el análisis suele quedar en segundo plano. Sin embargo, mientras las emociones son pasajeras, las decisiones tomadas en las urnas terminan influyendo durante años en la economía, el empleo y la estabilidad de millones de familias.

El fondo del problema no empieza únicamente en la política, sino en la manera desigual en que se construyó el desarrollo del país. Las democracias más sólidas del mundo no surgieron de un día para otro. Antes de consolidar sistemas políticos estables, construyeron economías más productivas, instituciones más fuertes y sociedades donde la igualdad ante la ley avanzó junto con el crecimiento económico. Democracia y desarrollo caminaron de la mano.

En el Perú, en cambio, existen enormes diferencias entre regiones y al interior de ellas. Mientras algunas zonas lograron integrarse al crecimiento económico, otras siguen atrapadas en economías de subsistencia, con baja productividad y pocas oportunidades de progreso. Para millones de personas, la democracia se percibe como algo distante, incapaz de mejorar realmente su vida cotidiana.

La segunda vuelta y el voto del “menos malo”

Esa desconexión explica parte del malestar político actual. En democracia no existe el candidato perfecto y, muchas veces, quienes llegan a la segunda vuelta representan solo a una minoría del electorado. Por ello, gran parte de la población no se siente identificada con las opciones finales.

Aunque algunos defiendan el voto viciado como una forma de protesta, la mayoría de ciudadanos termina haciendo lo que mejor sabe hacer toda democracia en crisis: resignarse a escoger entre lo malo y lo menos malo. Así, el voto deja de ser una elección inspiradora y se convierte en una decisión defensiva. Ya no se trata de elegir al mejor candidato, sino de apostar por aquel que, con algo de suerte, haga menos daño.

Del “menos malo” al que haga menos daño

Si la tarea más importante del país es integrar a las familias que aún viven alejadas del desarrollo, entonces la prioridad debería estar en resolver problemas concretos: agua potable, caminos, infraestructura, acceso a mercados, inversión y empleo. Ahí debería centrarse el debate político, y no solo en las peleas ideológicas.

En ese contexto, la elección deja de tratarse del candidato perfecto, que no existe, pasa a una decisión más práctica: identificar cuál de las candidaturas puede generar menos daño.

#agenciadenoticias#cuscomayo2026#apriemrahora.cusco@gmail.com

 

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