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Opinión

La disputa electoral en el bloque mafioso de la derecha: PORKY ENGORDA INSULTANDO Y KEIKO DECLINA LLORANDO

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Por: JESUS MANYA SALAS

De la treintena de partidos de la derecha que compiten actualmente en las elecciones, los que más desean repetir la captura del poder son los del pacto mafioso que controla el Congreso y ordenan al encargado presidencial. Estos partidos son: Fuerza Popular, Renovación Popular, APP, Somos Perú, Podemos, Avanza País.

A ellos también les afecta la dispersión y fragmentación de votos, si sumamos que en el espacio de derecha también se encuentran la postulación de Carlos Álvarez, Carlos Espá, así como el general Chiabra de Unidad Nacional.

Todos ellos compiten por dicho mercado, levantando básicamente dos fórmulas: representar al sector más duro y frontal en la lucha contra la seguridad y, en segundo lugar, como garantes del modelo económico neoliberal, que hace todos los esfuerzos por terminar o completar las privatizaciones con las pocas empresas públicas aún existentes.

De este conglomerado o decena de partidos del pacto mafioso, solo aparecen con mayores probabilidades electorales: Renovación Popular del Porky López Aliaga y Fuerza Popular de Keiko Fujimori, los cuales encabezan dichas tendencias y encuestas electorales; mientras que el resto aparecen con muchos puntos por debajo incluso de la valla electoral a pesar de la inmensa cantidad de dinero que vienen invirtiendo en los medios nacionales y regionales.

Renovación Popular tiene un voto duro en el votante centralista y de clase media y alta de Lima, así como de algunos bolsones de clase medieros en algunas regiones en particular del norte del Perú; así mismo ha logrado juntar el voto conservador evangélico y la ultraderecha católica, con un conjunto de propuestas controvertidas, como el DNI prenatal y la persecución a la diversidad sexual, y la estrategia anti “caviar”, entre otros.

En tanto Keiko Fujimori, que en sus anteriores postulaciones era la abanderada de este sector político, en particular de los sectores C y D de la población, ahora pagan con creces su desgaste y desprestigio como candidata perdedora y como el sostén del actual desgobierno; su tendencia en las encuestas es declinante; para garantizar su voto duro han tenido que recurrir a los fujimoristas históricos que vienen desde su padre.

Es evidente que las elecciones aún son abiertas para estos dos meses que faltan hasta el 12 de abril; sin embargo, tanto Porky como Keiko han ingresado a la confrontación directa para dirimir el voto y asegurar su ingreso a la segunda vuelta. Aunque tienen total coincidencia en el tema político y económico, han prendido juegos artificiales para un nuevo reparto electoral del sector: Renovación Popular quiere garantizar su actual ventaja y el fujimorismo recuperar vitalidad ante su declinación.

El resto de partidos del pacto mafioso, por la mediocridad de sus presidenciables, simplemente apuntan a garantizar su representación congresal, tal como vienen haciendo Acuña en APP, Luna en Podemos, William en Avanza País y Somos Perú, que han logrado reclutar candidatos importantes en diversas regiones; Carlos Álvarez y a Spa, que buscaban perfilarse como los outsiders, les quedó grande la competencia.

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Opinión

ROMPER EL EMPATE CATASTRÓFICO DESDE EL TRAPECIO ANDINO

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Por Jesús Manya

El país se encuentra estancado, fragmentado, sin horizonte y con mucha incertidumbre, en cuyo vértice del narco estado se encuentra el fujimorismo, como el partido orgánico y articulador, que en los últimos 20 años, es el principal factor de la crisis estructural y destructiva del país; el actual fujimorismo corrupto y criminal no representa nada nuevo a diferencia del fujimorismo del 90.

El viejo Lenin decía que el escenario de esta acumulación irresuelta de contradicciones, era de una situación revolucionaria, porque los de abajo ya no quieren vivir como antes y los de arriba hacen todo lo imposible por mantener la dominación y explotación al filo de la navaja y aplicando medidas excepcionales.

Gramsci decía que el empate catastrófico, era un bloqueo orgánico y permanente entre dos fuerzas contradictorias y polarizantes, en tanto que lo viejo a pesar de la crisis no se puede caer y lo nuevo tampoco puede nacer resuelta y definitivamente; y que en este interregno surgían fuerzas y políticas incontrolables y destructivas.

El proceso electoral actual, fue preparado por el fujimorismo con muchos años de anticipación para ganar por las buenas con fraude, desde el lado económico, político, militar, policial, judicial, mediático, religioso, cultural, judicial, diplomático, mafioso, narco; a pesar de tener a su favor todos los poderes fácticos apenas sacó 14% con lo que pasó a la segunda vuelta.

Los resultados y contenidos de la segunda vuelta electoral, son los mismos a los procesos con Humala, PPK, Castillo, se repiten las tendencias claramente configuradas, un empate electoral que no se puede romper y que ahora lo pretenden hacer nuevamente desde el fraude, aprovechando los votos del extranjero que no están digitados y se prestan a la suplantación o el cambio de resultados, sobre cuya base consumar el fraude.

El voto fujimorista y del pacto mafioso está concentrado en Lima y algunas regiones del norte; en términos reales Lima termina determinando el rumbo del voto clasista, conservador y derechista.

Frente a ese escenario pueblos de 16 regiones, ubicados en el TRAPECIO ANDINO – AMAZÓNICO, enfrentan con su voto al fujimorismo, este campo transversal es mayor que el macro sur y centro; estas regiones del Trapecio Andino o del Qhapaq Ñan, tienen identidades históricas, productivas, hídricas, mineras, agrícolas, sociedades, comunes y concurrentes, que permiten una votación de identidad cultural, contra el centro que margina y posterga.

En el terreno económico y productivo, en estas regiones del Trapecio Andino se encuentran los recursos mineros, hídricos, gas, culturales, más importantes del país, que son usufructuados por los grupos de poder y la tecnocracia gubernamental centralista; por ejemplo, son los que más y mejor disfrutan el gas y la electricidad barata, para sus industrias y hogares, marginando a las otras regiones; disponen de los recursos económicos que entrega la minería que se trabajan en las regiones. En lo cultural se llevan todos los soles que genera el Santuario de Machupicchu, sin nada cambio del Cusco. Ejemplos concretos de muchos otros.

Ante este empate catastrófico que promueve y revalida el fujimorismo y el pacto mafioso, se requiere construir y proponer una verdadera y profunda revolución descentralista, democrática y cultural desde el Trapecio Andino – Amazónico; así lo han configurado las últimas elecciones y los escenarios económicos y productivos. Esta es la fuerza social de la transformación nacional.

Este es el camino que tienen que entender los partidos progresistas y de izquierda, en particular sus direcciones y burocracias nacionales asentados en Lima; en las regiones hemos cumplido con nuestra tarea, pero el centro del poder Lima sigue casi intacto, por la falta de un trabajo político, social y cultural de las direcciones nacionales.

La resistencia al fujimorismo tiene en las regiones sus bastiones fundamentales de lucha, la disputa electoral que se avecina en las regiones y municipios, debe revalidar ese poder popular y regional, derrotando al fujimorismo y a  los otros partidos del pacto mafioso.

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Opinión

Machupicchu: turismo global y desigualdad territorial.

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Por: Vidal Pino Zambrano

El debate sobre Machupicchu suele centrarse en un tema recurrente: “el flujo turístico hacia el santuario histórico” La mayoría de estudios, diagnósticos y planes de gestión se enfocan en problemas relativos a   la capacidad de carga, la construcción de nuevos centros de visitantes, la ampliación de servicios turísticos, las concesiones hoteleras, la vía férrea o el sistema de buses. Todos estos aspectos son relevantes; sin embargo, existe un problema profundo que rara vez ocupa el centro de la discusión: la enorme desigualdad territorial y social que existe dentro del propio distrito de Machupicchu.

El distrito presenta una marcada fragmentación interna entre Machupicchu Pueblo, también conocido como Aguas Calientes y los pequeños centros poblados rurales vinculados a las comunidades campesinas que forman parte del distrito. Mientras el núcleo urbano principal concentra población, inversión, infraestructura y actividad económica ligada al turismo, los demás centros poblados mantienen condiciones de alta precariedad y vulnerabilidad.

Esta desigualdad suele quedar oculta detrás de las cifras oficiales. Por ejemplo, respecto a la densidad poblacional. Según los cálculos convencionales del INEI, Machupicchu tendría apenas 20 habitantes por kilómetro cuadrado, lo que transmite la idea de un territorio poco ocupado. Del mismo modo, La capital provincial Urubamba registraría 125 habitantes por kilómetro cuadrado y la ciudad del Cusco, capital departamental, alrededor de 1300.

Sin embargo, estas cifras incluyen montañas, quebradas, áreas protegidas y extensas zonas donde prácticamente no existe ocupación humana. Cuando el análisis se realiza únicamente sobre el espacio efectivamente habitado, el panorama cambia radicalmente. La densidad urbana real de Machupicchu pueblo supera los 21 mil habitantes por kilómetro cuadrado, convirtiéndose en el distrito más densamente ocupado del Perú y en uno de los espacios cercanos a espacios turísticos más congestionados de América Latina. En comparación, Cusco tiene cerca de 10 mil habitantes por kilómetro cuadrado y Urubamba alrededor de 2500.

La hiper concentración de Machupicchu pueblo

El centro poblado de Machupicchu concentra aproximadamente el 92% de la población distrital. En contraste, los centros poblados que están dentro del distrito como Ccollpani Grande, Intihuatana, Qorihuayrachina o Huayllabamba apenas superan los 60 a 100 habitantes. Esta distribución evidencia una extrema concentración demográfica y económica alrededor del núcleo principal.

La estructura económica del distrito refleja también una profunda división económica. En Machupicchu Pueblo prácticamente no existe actividad agrícola, lo que revela una economía totalmente terciarizada y altamente dependiente del turismo. Por el contrario, centros poblados como Intihuatana y Ccollpani Grande mantienen una fuerte dependencia de las actividades agropecuarias.

El índice de concentración de Herfindahl confirma esta diferencia estructural. Este indicador mide el nivel de diversificación económica: valores cercanos a 0 representan economías más diversificadas, mientras que valores próximos a 1 reflejan dependencia de pocas actividades. Machupicchu Pueblo presenta un índice de 0.1, mientras que Puente Ruinas alcanza 0.9 y Qorihuayrachina 0.4. Esto sugiere que la capital distrital posee una economía más compleja y diversificada, articulada alrededor del turismo, el comercio y los servicios urbanos. En cambio, los pequeños centros rurales mantienen economías limitadas y dependientes principalmente de la agricultura y la ganadería.

Las diferencias sociales son aún más marcadas. En Machupicchu Pueblo prácticamente no existen viviendas con piso de tierra, mientras que en Ccollpani Grande esta condición alcanza el 100% de las viviendas; en Huayllabamba supera el 96% y en Qorihuayrachina llega al 67%.

La brecha en servicios básicos también es considerable. Mientras Machupicchu Pueblo cuenta casi totalmente con electricidad, agua potable, desagüe y recojo de residuos sólidos, varios centros poblados rurales todavía presentan importantes carencias que superan el 60% de estos servicios básicos.

Turismo, hacinamiento y tensión territorial

Paradójicamente, el acceso al principal destino turístico del Perú funciona sobre un espacio urbano reducido y saturado. Turistas y población local conviven en un territorio limitado por el río, las montañas y la infraestructura ferroviaria. Las calles estrechas, la escasez de espacios públicos y el enorme flujo de visitantes generan una congestión permanente y crecientes tensiones urbanas.

Mientras millones de turistas llegan atraídos por Machu Picchu, el núcleo urbano que sostiene esta actividad opera bajo condiciones cercanas al hacinamiento. Por ello, resulta fundamental abordar la profunda fragmentación territorial del distrito, donde conviven una intensa concentración turística y económica con persistentes desigualdades y vulnerabilidades rurales. Ignorar esta realidad compromete cualquier propuesta seria de desarrollo sostenible para Machupicchu y para el futuro del principal destino turístico del país.

 

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Democracia sin desarrollo: el dilema peruano

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Por : Vidal Pino Zambrano

El Perú tiene una relación complicada con su memoria política. Cada proceso electoral parece empezar desde cero: reaparecen las mismas frustraciones, los mismos temores y las mismas promesas de cambio. A veces da la impresión de que el país enfrenta problemas nuevos, aunque muchos de ellos nos acompañen desde hace décadas.

En cada elección, una parte importante del electorado termina decidiendo su voto bajo el impacto del momento: la frustración acumulada, el temor al futuro o el desencanto con la política. En esas circunstancias, el análisis suele quedar en segundo plano. Sin embargo, mientras las emociones son pasajeras, las decisiones tomadas en las urnas terminan influyendo durante años en la economía, el empleo y la estabilidad de millones de familias.

El fondo del problema no empieza únicamente en la política, sino en la manera desigual en que se construyó el desarrollo del país. Las democracias más sólidas del mundo no surgieron de un día para otro. Antes de consolidar sistemas políticos estables, construyeron economías más productivas, instituciones más fuertes y sociedades donde la igualdad ante la ley avanzó junto con el crecimiento económico. Democracia y desarrollo caminaron de la mano.

En el Perú, en cambio, existen enormes diferencias entre regiones y al interior de ellas. Mientras algunas zonas lograron integrarse al crecimiento económico, otras siguen atrapadas en economías de subsistencia, con baja productividad y pocas oportunidades de progreso. Para millones de personas, la democracia se percibe como algo distante, incapaz de mejorar realmente su vida cotidiana.

La segunda vuelta y el voto del “menos malo”

Esa desconexión explica parte del malestar político actual. En democracia no existe el candidato perfecto y, muchas veces, quienes llegan a la segunda vuelta representan solo a una minoría del electorado. Por ello, gran parte de la población no se siente identificada con las opciones finales.

Aunque algunos defiendan el voto viciado como una forma de protesta, la mayoría de ciudadanos termina haciendo lo que mejor sabe hacer toda democracia en crisis: resignarse a escoger entre lo malo y lo menos malo. Así, el voto deja de ser una elección inspiradora y se convierte en una decisión defensiva. Ya no se trata de elegir al mejor candidato, sino de apostar por aquel que, con algo de suerte, haga menos daño.

Del “menos malo” al que haga menos daño

Si la tarea más importante del país es integrar a las familias que aún viven alejadas del desarrollo, entonces la prioridad debería estar en resolver problemas concretos: agua potable, caminos, infraestructura, acceso a mercados, inversión y empleo. Ahí debería centrarse el debate político, y no solo en las peleas ideológicas.

En ese contexto, la elección deja de tratarse del candidato perfecto, que no existe, pasa a una decisión más práctica: identificar cuál de las candidaturas puede generar menos daño.

#agenciadenoticias#cuscomayo2026#apriemrahora.cusco@gmail.com

 

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