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Opinión

GOBIERNO DE UNIDAD NACIONAL

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Por :Jesus Manya

Las elecciones terminan con la pataleta y derrota de la ultraderecha fascista de Porky Aliaga, que recurrió a toda clase de maniobras contra la ONPE, utilizó al JNE y a la Fiscalía; pero la realidad es contundente y será Roberto Sánchez quien dispute la segunda vuelta con Keiko Fujimori.

Desde hace más de una década, la hegemonía neoliberal es dura, represiva y corrupta; han convertido al país de un país presidencialista en un régimen parlamentario dictatorial, modificando la Constitución cuantas veces necesitaron. Esa hegemonía fue rota con la elección de Castillo y frente a ella reaccionaron violentamente.

Nuevamente en estas elecciones, hay una grieta, una erosión en la hegemonía; pensaban revalidar la hegemonía con una segunda vuelta entre Keiko y Porky, no contaron con la llegada de Juntos por el Perú y, por otro lado, que el pacto mafioso del Congreso fuera quebrado con la desaparición electoral y legal de: APP de Acuña, Somos Perú, Podemos, Avanza País, Perú Libre, AP, entre otros.

Es cierto entender y reconocer que el pacto mafioso es un poder que va más allá de los partidos congresales y las elecciones; son parte de la estructura del poder los grupos fácticos como los gremios empresariales, los medios de comunicación, el militarismo derechista y la policía mafiosa, el Poder Judicial y el Ministerio Público, los grupos evangélicos y católicos conservadores; todo ese conglomerado es el verdadero bloque de poder a derrotar, que cerrará filas tras la candidatura de Keiko Fujimori, política, militar, policial, judicial, económica, mediática y culturalmente.

Sería un tremendo error electoral de Juntos por el Perú pensar en afrontar la disputa en solitario, como pregonan sus sectores más termocefálicos del frente magisterial o de los rezagos del antaurismo; estas elecciones son distintas a las anteriores, en que Pedro Castillo pudo cosechar el apoyo del tejido social plebeyo y regional, que derrotó a Keiko.

En el sentido común del pueblo peruano, existe una gran mayoría que rechaza, impugna y cuestiona al fujimorismo mafioso y en particular la conducta destructora de Keiko desde el Congreso, esa realidad la reconocen las propias encuestadoras, un 17% de los actuales resultados electorales, no significa mucho para una campaña de más de veinte años; el arte de la política es cómo se convierte ese sentido común en una posición política y electoral que pueda votar por la propuesta del cambio.

El fujimorismo tiene aprendida la lección de sus tres derrotas anteriores; junto a la campaña de guerra sucia, racismo colonial, populismo y compra de votos, buscarán romper a esa gran mayoría que rechaza al fujimorismo. Para eso crearon el grupo Obras y al partido de Carlos Álvarez; convocarán a los rezagos de APP, Avanza País, Somos Perú, Podemos.

Desde los medios y la prensa mafiosa, promoverán el sectarismo de algunos grupos radicales al interior de JPP, frente a la presencia de otros partidos como: Ahora Nación, Partido del Buen Gobierno, Primero la Gente, Alianza Venceremos y otros partidos, así como a los movimientos sociales, sindicales, regionales, que son parte del vasto tejido social fuera del centralismo limeño.

La campaña de JPP apelando al sentido reivindicativo del abuso y encarcelamiento de Pedro Castillo, usando el sombrero como símbolo de la campaña, incorporando a la familia del expresidente en las candidaturas, junto a los sectores magisteriales, ha tenido resultados positivos para pasar a la fase definitoria y superar a las otras propuestas progresistas. Sin embargo esa estrategia de campaña ya no es suficiente para la segunda vuelta.

En este contexto, comprendiendo que JPP tiene la mayor responsabilidad en la construcción del bloque antimafia, las fuerzas democráticas tienen también la obligación de concluir con la derrota del pacto mafioso; esto pasa por avanzar paralelamente en:

  1. Proponer y constituir una gran concertación o alianza de ancha base, frente democrático y regional, que pueda elaborar un Programa de Unidad Nacional contra el Pacto Mafioso,que supere el modelo excluyente y corrupto del neoliberalismo y al mismo tiempo evite populismos, en medio de la actual transición de la humanidad hacia una nueva realidad económica y geopolítica.

Es con este instrumento programático que será posible construir mayoría política y derrotar electoral y políticamente a la coalición mafiosa, demostrar su responsabilidad en la actual crisis prolongada de desgobierno y captura corrupta del Estado, capitaneada por el fujimorismo.

  1. El segundo instrumento de gobernabilidad y estabilidad política es la constitución de un Gobierno de Unidad y Reconstrucción Nacional,convocando a las personalidades, partidos, dirigentes de movimientos sociales y regionales que garanticen la seguridad democrática y económica del país en este escenario de crisis.

Luego de la experiencia de un gobierno ineficiente e impotente con Pedro Castillo, instalada la desconfianza e incertidumbre, lo mínimo que debe hacer JPP en este nuevo periodo es proponer un gabinete de gobierno competente, socialmente comprometido y fundamentalmente decente y limpio de toda acusación de corrupción.

Si la vitalidad electoral de JPP se encuentra en las regiones, una propuesta de gobierno como programa y gabinete debe recoger esa realidad, para evitar posiciones y manejos palaciegos y cupulares del centralismo también en los propios partidos progresistas.

Una tarea especial y de mayor envergadura, es la campaña en Lima por su población y porque ahí están concentradas los votos del fujimorismo y la ultra derecha; el bloque democrático tiene que romper ese dique principalmente en los conos y distritos populares y de alta migración de los pueblos.

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ROMPER EL EMPATE CATASTRÓFICO DESDE EL TRAPECIO ANDINO

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Por Jesús Manya

El país se encuentra estancado, fragmentado, sin horizonte y con mucha incertidumbre, en cuyo vértice del narco estado se encuentra el fujimorismo, como el partido orgánico y articulador, que en los últimos 20 años, es el principal factor de la crisis estructural y destructiva del país; el actual fujimorismo corrupto y criminal no representa nada nuevo a diferencia del fujimorismo del 90.

El viejo Lenin decía que el escenario de esta acumulación irresuelta de contradicciones, era de una situación revolucionaria, porque los de abajo ya no quieren vivir como antes y los de arriba hacen todo lo imposible por mantener la dominación y explotación al filo de la navaja y aplicando medidas excepcionales.

Gramsci decía que el empate catastrófico, era un bloqueo orgánico y permanente entre dos fuerzas contradictorias y polarizantes, en tanto que lo viejo a pesar de la crisis no se puede caer y lo nuevo tampoco puede nacer resuelta y definitivamente; y que en este interregno surgían fuerzas y políticas incontrolables y destructivas.

El proceso electoral actual, fue preparado por el fujimorismo con muchos años de anticipación para ganar por las buenas con fraude, desde el lado económico, político, militar, policial, judicial, mediático, religioso, cultural, judicial, diplomático, mafioso, narco; a pesar de tener a su favor todos los poderes fácticos apenas sacó 14% con lo que pasó a la segunda vuelta.

Los resultados y contenidos de la segunda vuelta electoral, son los mismos a los procesos con Humala, PPK, Castillo, se repiten las tendencias claramente configuradas, un empate electoral que no se puede romper y que ahora lo pretenden hacer nuevamente desde el fraude, aprovechando los votos del extranjero que no están digitados y se prestan a la suplantación o el cambio de resultados, sobre cuya base consumar el fraude.

El voto fujimorista y del pacto mafioso está concentrado en Lima y algunas regiones del norte; en términos reales Lima termina determinando el rumbo del voto clasista, conservador y derechista.

Frente a ese escenario pueblos de 16 regiones, ubicados en el TRAPECIO ANDINO – AMAZÓNICO, enfrentan con su voto al fujimorismo, este campo transversal es mayor que el macro sur y centro; estas regiones del Trapecio Andino o del Qhapaq Ñan, tienen identidades históricas, productivas, hídricas, mineras, agrícolas, sociedades, comunes y concurrentes, que permiten una votación de identidad cultural, contra el centro que margina y posterga.

En el terreno económico y productivo, en estas regiones del Trapecio Andino se encuentran los recursos mineros, hídricos, gas, culturales, más importantes del país, que son usufructuados por los grupos de poder y la tecnocracia gubernamental centralista; por ejemplo, son los que más y mejor disfrutan el gas y la electricidad barata, para sus industrias y hogares, marginando a las otras regiones; disponen de los recursos económicos que entrega la minería que se trabajan en las regiones. En lo cultural se llevan todos los soles que genera el Santuario de Machupicchu, sin nada cambio del Cusco. Ejemplos concretos de muchos otros.

Ante este empate catastrófico que promueve y revalida el fujimorismo y el pacto mafioso, se requiere construir y proponer una verdadera y profunda revolución descentralista, democrática y cultural desde el Trapecio Andino – Amazónico; así lo han configurado las últimas elecciones y los escenarios económicos y productivos. Esta es la fuerza social de la transformación nacional.

Este es el camino que tienen que entender los partidos progresistas y de izquierda, en particular sus direcciones y burocracias nacionales asentados en Lima; en las regiones hemos cumplido con nuestra tarea, pero el centro del poder Lima sigue casi intacto, por la falta de un trabajo político, social y cultural de las direcciones nacionales.

La resistencia al fujimorismo tiene en las regiones sus bastiones fundamentales de lucha, la disputa electoral que se avecina en las regiones y municipios, debe revalidar ese poder popular y regional, derrotando al fujimorismo y a  los otros partidos del pacto mafioso.

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Machupicchu: turismo global y desigualdad territorial.

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Por: Vidal Pino Zambrano

El debate sobre Machupicchu suele centrarse en un tema recurrente: “el flujo turístico hacia el santuario histórico” La mayoría de estudios, diagnósticos y planes de gestión se enfocan en problemas relativos a   la capacidad de carga, la construcción de nuevos centros de visitantes, la ampliación de servicios turísticos, las concesiones hoteleras, la vía férrea o el sistema de buses. Todos estos aspectos son relevantes; sin embargo, existe un problema profundo que rara vez ocupa el centro de la discusión: la enorme desigualdad territorial y social que existe dentro del propio distrito de Machupicchu.

El distrito presenta una marcada fragmentación interna entre Machupicchu Pueblo, también conocido como Aguas Calientes y los pequeños centros poblados rurales vinculados a las comunidades campesinas que forman parte del distrito. Mientras el núcleo urbano principal concentra población, inversión, infraestructura y actividad económica ligada al turismo, los demás centros poblados mantienen condiciones de alta precariedad y vulnerabilidad.

Esta desigualdad suele quedar oculta detrás de las cifras oficiales. Por ejemplo, respecto a la densidad poblacional. Según los cálculos convencionales del INEI, Machupicchu tendría apenas 20 habitantes por kilómetro cuadrado, lo que transmite la idea de un territorio poco ocupado. Del mismo modo, La capital provincial Urubamba registraría 125 habitantes por kilómetro cuadrado y la ciudad del Cusco, capital departamental, alrededor de 1300.

Sin embargo, estas cifras incluyen montañas, quebradas, áreas protegidas y extensas zonas donde prácticamente no existe ocupación humana. Cuando el análisis se realiza únicamente sobre el espacio efectivamente habitado, el panorama cambia radicalmente. La densidad urbana real de Machupicchu pueblo supera los 21 mil habitantes por kilómetro cuadrado, convirtiéndose en el distrito más densamente ocupado del Perú y en uno de los espacios cercanos a espacios turísticos más congestionados de América Latina. En comparación, Cusco tiene cerca de 10 mil habitantes por kilómetro cuadrado y Urubamba alrededor de 2500.

La hiper concentración de Machupicchu pueblo

El centro poblado de Machupicchu concentra aproximadamente el 92% de la población distrital. En contraste, los centros poblados que están dentro del distrito como Ccollpani Grande, Intihuatana, Qorihuayrachina o Huayllabamba apenas superan los 60 a 100 habitantes. Esta distribución evidencia una extrema concentración demográfica y económica alrededor del núcleo principal.

La estructura económica del distrito refleja también una profunda división económica. En Machupicchu Pueblo prácticamente no existe actividad agrícola, lo que revela una economía totalmente terciarizada y altamente dependiente del turismo. Por el contrario, centros poblados como Intihuatana y Ccollpani Grande mantienen una fuerte dependencia de las actividades agropecuarias.

El índice de concentración de Herfindahl confirma esta diferencia estructural. Este indicador mide el nivel de diversificación económica: valores cercanos a 0 representan economías más diversificadas, mientras que valores próximos a 1 reflejan dependencia de pocas actividades. Machupicchu Pueblo presenta un índice de 0.1, mientras que Puente Ruinas alcanza 0.9 y Qorihuayrachina 0.4. Esto sugiere que la capital distrital posee una economía más compleja y diversificada, articulada alrededor del turismo, el comercio y los servicios urbanos. En cambio, los pequeños centros rurales mantienen economías limitadas y dependientes principalmente de la agricultura y la ganadería.

Las diferencias sociales son aún más marcadas. En Machupicchu Pueblo prácticamente no existen viviendas con piso de tierra, mientras que en Ccollpani Grande esta condición alcanza el 100% de las viviendas; en Huayllabamba supera el 96% y en Qorihuayrachina llega al 67%.

La brecha en servicios básicos también es considerable. Mientras Machupicchu Pueblo cuenta casi totalmente con electricidad, agua potable, desagüe y recojo de residuos sólidos, varios centros poblados rurales todavía presentan importantes carencias que superan el 60% de estos servicios básicos.

Turismo, hacinamiento y tensión territorial

Paradójicamente, el acceso al principal destino turístico del Perú funciona sobre un espacio urbano reducido y saturado. Turistas y población local conviven en un territorio limitado por el río, las montañas y la infraestructura ferroviaria. Las calles estrechas, la escasez de espacios públicos y el enorme flujo de visitantes generan una congestión permanente y crecientes tensiones urbanas.

Mientras millones de turistas llegan atraídos por Machu Picchu, el núcleo urbano que sostiene esta actividad opera bajo condiciones cercanas al hacinamiento. Por ello, resulta fundamental abordar la profunda fragmentación territorial del distrito, donde conviven una intensa concentración turística y económica con persistentes desigualdades y vulnerabilidades rurales. Ignorar esta realidad compromete cualquier propuesta seria de desarrollo sostenible para Machupicchu y para el futuro del principal destino turístico del país.

 

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Democracia sin desarrollo: el dilema peruano

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Por : Vidal Pino Zambrano

El Perú tiene una relación complicada con su memoria política. Cada proceso electoral parece empezar desde cero: reaparecen las mismas frustraciones, los mismos temores y las mismas promesas de cambio. A veces da la impresión de que el país enfrenta problemas nuevos, aunque muchos de ellos nos acompañen desde hace décadas.

En cada elección, una parte importante del electorado termina decidiendo su voto bajo el impacto del momento: la frustración acumulada, el temor al futuro o el desencanto con la política. En esas circunstancias, el análisis suele quedar en segundo plano. Sin embargo, mientras las emociones son pasajeras, las decisiones tomadas en las urnas terminan influyendo durante años en la economía, el empleo y la estabilidad de millones de familias.

El fondo del problema no empieza únicamente en la política, sino en la manera desigual en que se construyó el desarrollo del país. Las democracias más sólidas del mundo no surgieron de un día para otro. Antes de consolidar sistemas políticos estables, construyeron economías más productivas, instituciones más fuertes y sociedades donde la igualdad ante la ley avanzó junto con el crecimiento económico. Democracia y desarrollo caminaron de la mano.

En el Perú, en cambio, existen enormes diferencias entre regiones y al interior de ellas. Mientras algunas zonas lograron integrarse al crecimiento económico, otras siguen atrapadas en economías de subsistencia, con baja productividad y pocas oportunidades de progreso. Para millones de personas, la democracia se percibe como algo distante, incapaz de mejorar realmente su vida cotidiana.

La segunda vuelta y el voto del “menos malo”

Esa desconexión explica parte del malestar político actual. En democracia no existe el candidato perfecto y, muchas veces, quienes llegan a la segunda vuelta representan solo a una minoría del electorado. Por ello, gran parte de la población no se siente identificada con las opciones finales.

Aunque algunos defiendan el voto viciado como una forma de protesta, la mayoría de ciudadanos termina haciendo lo que mejor sabe hacer toda democracia en crisis: resignarse a escoger entre lo malo y lo menos malo. Así, el voto deja de ser una elección inspiradora y se convierte en una decisión defensiva. Ya no se trata de elegir al mejor candidato, sino de apostar por aquel que, con algo de suerte, haga menos daño.

Del “menos malo” al que haga menos daño

Si la tarea más importante del país es integrar a las familias que aún viven alejadas del desarrollo, entonces la prioridad debería estar en resolver problemas concretos: agua potable, caminos, infraestructura, acceso a mercados, inversión y empleo. Ahí debería centrarse el debate político, y no solo en las peleas ideológicas.

En ese contexto, la elección deja de tratarse del candidato perfecto, que no existe, pasa a una decisión más práctica: identificar cuál de las candidaturas puede generar menos daño.

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